Casi cualquier persona que tiene una deuda con el banco preferiría no tenerla y/o piensa que el banco está haciendo negocio a su costa y que por éso está bien denostarlo. Ambas observaciones son procedentes para el caso de una persona natural. Es muy cierto que, como persona, la deuda tiene un cierto poder esclavizante, si bien es cierto que de no haber obtenido financiación por parte de la entidad financiera, no habríamos podido acceder a ese proyecto, ese coche, esa casa, cuyo coste el banco nos está financiando. En este sentido, es justo y lógico que el  banco, que realiza una intermediación entre aquellos agentes sociales a los que le sobran recursos líquidos y los que carecen de ellos, obtengan una retribución por su labor, que, además, entraña riesgos. Cuestión distinta es que en ocasiones adopten políticas de negocio basadas en su posición como detentadores de los fondos líquidos de esos agentes (son los que tienen la pasta, aunque no sea suya), o que jueguen con el límite de la legalidad, siempre en su propio beneficio, aunque esta es una práctica que mucha gente aplica en su vida diaria, pero cuando nos encontramos en presencia de un jugador tan gigantesco como un banco, hay mucha responsabilidad concentrada en un sólo sitio, por lo que todo tiende a magnificarse. 

Precisamente ahí está uno de los grandes problemas de la actividad bancaria, en que en caso de una política generalizada relativa a un determinado asunto, sus errores se multiplican miles de veces, por afectar a miles de personas, y cuando se mira a las cifras que manejan, se antojan mastodónticas por la misma causa, por que acumulan los recursos de miles o millones de personas. Muchas veces cuando escuchamos que no sé qué banco ha ganado no sé cuantos miles de millones de euros en tal o cual año, se disparan todas las iras del ciudadano de a pie, que, ahora más que nunca se debate entre malabares para llegar a fin de mes. Pero, ¿sabemos cómo funciona un banco? Esos beneficios, ¿son tan grandes como parecen? ¿Qué alternativas tenemos?

Una forma de acercarse a un banco comercial y entender cómo funciona es observar su balance (nada nuevo bajo el Sol). Un balance refleja el valor de los bienes y derechos que tiene una empresa, organización o individuo frente a las obligaciones que ha contraído para adquirirlos. Es lo que llamamos aplicaciones y orígenes de fondos, activo y pasivo, de dónde sale el dinero y a dónde va. Se da la circunstancia de que la suma de todos los activos es igual a la de todos los pasivos. Ese es el valor del patrimonio total, que es igual a la suma de todos los activos y que a su vez es igual a la suma de todos los pasivos. En definitiva, todo sale de alguna parte y va a otra parte. macroeconomia20

Así, el balance del banco comercial, muy simplificado, se concreta en la figura adjunta. Un banco tiene reservas en efectivo, por imperativo del regulador, porque son un instrumento normativo necesario para controlar la cantidad de dinero en circulación y porque tiene que tener siempre capacidad para atender sus necesidades de caja. Los llamados «corralitos» se producen precisamente en situaciones de pánico bancario en las que la retirada masiva de depósitos supera la caja que tiene el banco, por lo que ha de suspenderse la operativa para evitar males mayores. Esas reservas las tienen en efectivo en su red comercial o en el banco central, según la normativa que lo desarrolla y NO PRODUCEN DINERO PARA EL BANCO, pero se deprecian por efecto de la inflación. Además, en su activo, tiene todos sus activos productivos, que proceden de su operación en mercados financieros y en la retribución por el dinero que prestan al público. Estos activos son los encargados de hacer que el negocio tenga sentido, tienen que conseguir que el dinero que producen sea mayor que el que cuesta producirlo, a lo que entraremos más tarde. De esos activos, la inmensa mayoría está formada por los derechos de crédito que tienen por los préstamos personales, de negocios e hipotecarios que suscriben. De estos tres grupos, el mercado hipotecario puede llegar a suponer cerca de un 60% del patrimonio total. Y esos activos no están exentos de riesgo, siendo el principal el de insolvencia del prestatario. Ese riesgo se reduce con garantías, que son avales, fianzas e hipotecas, recordemos, el 40% del valor del patrimonio del banco. Supongamos que en el momento de la contratación el valor de la garantía y del préstamo es el mismo. Todo correcto, bueno, en cierta medida porque el precio mínimo es la mitad del valor de tasación, y en subasta siempre baja el precio respecto al mercado. Ahí hay un riesgo ya.  Supongamos ahora que el mercado se desinfla y la garantía pierde el 60% de su valor. Supongamos además que el deudor pierde sus ingresos y no puede pagar la cuota. En ese caso «Houston, tenemos dos problemas». Por una parte si no se ejecuta la garantía el banco se queda sin recuperar el dinero que prestó, pero por otra, si ejecuta, el deudor se puede quedar en la calle y aun así el banco sigue perdiendo dinero. ¿Les suena?

macroeconomia20Ahora pasamos al pasivo. Ahí están, primero, los depósitos, es decir, el dinero de sus clientes en cuenta corriente. Para el banco, éso no es un activo, porque al ser depositario de los fondos, tiene obligación de devolverlos cuando se le reuquiera. Es una deuda. Es de donde el banco saca el dinero para dar préstamos, operar en el mercado y hacer su negocio. Y resulta que el 90% aproximadamente de su fuente de financiación son depósitos, que se traducen en préstamos, activos financieros y caja, pero el banco NO LOS TIENE, porque los ha convertido en otra cosa, igual que cuando uno pide un préstamo y se compra un coche. Y llegar a no poder devolver ese dinero si se lo piden es un problema (volvemos a los «corralitos»). Realmente, aquí radica una de las particularidades del negocio bancario: no hay ningún otro negocio que soporte, ni legal, ni funcionalmente, este nivel de endeudamiento. Pueden encontrarse en otros sectores niveles del 60-70%, pero no del 90%, es decir que, al final, el banco juega siempre con dinero de otros, o como decía un profesor del IE, con OPM (Other People’s Money). Y precisamente esta circunstancia les convierte en actores principales del sistema financiero y la economía, porque multiplican el dinero que se mueve en el sistema, aunque de éso nos ocuparemos en otro post. Y dependiendo del tipo de depósito, hay que retribuirlo, a un cierto tipo de interés. Lo mismo pasa con los préstamos que pide el banco para equilibrar su operativa, a otros bancos, que se retribuyen a un interés interbancario, a la tasa a la que los bancos se prestan entre ellos, como lo es el EURIBOR (Euro InterBank Offered Rate o Tipo de Interés Interbancario de la Zona Euro). Del mismo modo, paga por el dinero que le pide a los bancos centrales (Eurosistema, Reserva Federal Americana, etc). Así, el tipo de interés medio de los préstamos que concede y de los activos financieros que posee tiene que ser mayor al tipo medio de lo que le cuesta tener dinero depositado procedente del público y de pedir prestado a otros jugadores del sistema. La diferencia entre ambos intereses es lo que se conoce como Margen de Intermediación, y es, junto con el producido por las comisiones de servicio, de las que habrá que detraer los costes operativos, el principal beneficio que consigue el banco, y que se refleja en su cuenta de Pérdidas y Ganancias del banco, que recoge ingresos y gastos y, en el Balance, está incluida dentro de los Fondos Propio.

Dicho todo lo anterior, supongamos que si el 60% del activo que son hipotecas se produce un interés medio del 3% , que los depósitos suponen el 5% del patrimonio, sin retibución, los activos financieros el 10%, retribuyéndose al 4% y el 25% restantes son préstamos no hipotecarios retribuidos de media al 9%. Con esos números, tomados a modo de ejemplo pero no tan alejados de la realidad, el tipo de interés medio del activo se sitúa en el 2,25%, que es el ingreso total del banco por el negocio financiero. Supongamos que las comisiones le dan un 1% adicional. Entonces se deduce que el tipo de interés de su actividad es del 3,25%. No hay que ser un lince para darse cuenta de que en cuanto el tipo de interés de su pasivo operativo más sus costes de operación se sitúe por encima de esa tasa, el negocio obtiene pérdidas, y se pone en peligro el dinero de los depositantes, sus ahorros, aunque los haya que puedan beneficiarse, en caso de quiebra, de una liberación de sus deudas. Por todo ello es por lo que los bancos son importantes y necesarios aunque no jueguen limpio y aquí es donde entran las opciones políticas del rescate o el abandono a la quiebra de grandes entidades. Aunque tengo opinión, no es mi cometido verterla aquí, sólo poner a disposición de todos el razonamiento básico que subyace tras esta realidad.

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